Este fin de semana mi esposa y yo invitamos a nuestro vecino Javier (un estudiante Mexicano de Dirección de cine bastante simpático e interesante) a ver en DVD una pelicula llamada: What the blip do we know. Esta pelicula es una mezcla de documental con película tradicional. La historia muestra un dia en la vida de Amanda, una fotógrafa profesional con una vida profesional agitada e invadida por el estrés. A medida que el día de Amanda transcurre, la historia se interrumpe para mostrar una entrevista con algún experto en física cuántica … o en espiritualidad (?).
Debe ser que yo me perdí algo importante porque no entendí el mensaje de la pelicula. Las entrevistas comienzan con un tono cientifico, en las cuales el entrevistado o una voz en off habla de lo extraño que es el mundo de la física cuántica, de como las particulas subatómicas tienen a veces comportamiento de ondas y a veces de partículas (hasta aquí todo va bien). A medida que el día de Amanda avanza y su estrés sigue subiendo, los expertos empiezan a hablar de temas más especulativos: universos paralelos y cosas así (ok, un poquito de especulacion está bien, a pesar de que la pelicula lo presente como hechos comprobados). El día de Amanda sigue avanzando y su jefe la envía a fotografiar un matrimonio, lo cual por supuesto contribuye a aumentar el estrés de Amanda. En este punto de la película, los expertos en física le empiezan a ceder el turno a expertos en espiritualidad y, gracias a la magia del cine, las opiniones de estos personajes se presentan en el mismo estilo científico que las de los fisicos. El resultado es una diatriba espiritual pseudocientífica que me puso a pensar cosas tan profundas como: pagué ya la electricidad este mes? que peliculas tengo en la lista de Netflix? tengo que organizar mi closet y seleccionar la ropa que no quiero para donarla … pagué ya la cuota de la asociación de este mes?
Como a los 30 minutos de película, Javier se acordó que tenía algo importante que hacer esa misma noche, se disculpó y se fue. Yo creo que eso lo aprenden estudiando dirección de Cine: reconocer una película mala desde el principio y poner pies en polvorosa cuanto antes. Ver una película mala es como comerse una mala comida. No solo queda la sensación de haber perdido el tiempo y el dinero, sino que además queda el remordimiento de haberse comido una cantidad enorme de calorías en una comida mala, que engordan igual o más que las que hay en una comida buena.
Como dicen en los EEUU: Live and Learn.
Afortunadamente esta película no es lo que marco el fin de semana. El domingo nos reunimos con algunos amigos para una sesiún de “winetasting” y buena conversación. Fue una noche de “vinos favoritos”. Cada quien traía uno de sus vinos preferidos, de una uva asignada a cada persona, los probábamos y al final cenábamos tapas con el vino que a cada quien más le hubiese gustado. El vino ganador de la noche fue un Cabernet Sauvignon argentino llamado Casta del Sur. Este vino es producido por mi amigo Patricio. El único problema que le encontramos es que no se consigue en los Estados Unidos. Patricio lo vende exclusivamente en Mexico. Fue allí, durante un viaje mio hace un par de semanas, donde Patricio me regaló la excelente botella que catamos este fin de semana. A tu salud Patricio! Nuestros mejores deseos porque pronto expandas tu mercado a los Estados Unidos para poder conseguir tu vino aquí sin necesidad de ir a México por él.
Aquí hay una foto de la cata de vinos. Esta fue tomada al final de la sesión, cuando habíamos terminado de catar y estabamos a punto de comenzar con las tapas.



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