Con alguna frecuencia en los fines de semana a mi esposa y a mi nos gusta escoger algún barrio de Chicago e ir y pasar el día allí. Desayunamos o almorzamos en el sitio y recorremos las calles y las tiendas. Así hemos logrado conocer muchos sitios muy interesantes de Chicago: Bucktown, Lincoln Park, Old Town, China Town, Little Bombay, etc.
Como hoy la temperatura estaba sobre 60 F (aprox 14 C), decidimos salir en una de nuestras excursiones de exploración antes de que la motivación de salir baje al ritmo de la temperatura en Chicago. Hoy decidimos ir al barrio latino de Chicago: La Villita.
En La Villita (Little Villa como le dicen en Inglés) hicimos lo acostumbrado: caminamos por las calles, entramos a las tiendas, entramos a los mercados, comimos algo. Como era de esperar, La Villita siendo un barrio latino nos resulto menos ajena a nuestro estilo de vida que otros vecindarios que hemos visitado, aún así, no dejamos de sentir algunas diferencias por la abrumadora mayoría de Mexicanos viviendo allí.
Al final de nuestra excursión entramos a un restaurante a almorzar. Allí conocimos a Rosalba. Ella es la mesera y aparentemente la administradora del lugar. Rosalba resultó ser bastante simpática y conversadora por lo que prontamente mi esposa y ella estaban conversando animadamente. Rosalba nos contó que tiene dos hijos, uno de 4 años y otro de 6. Mientras ella trabaja, sus niños se quedan en la casa con una niñera. Rosalba también nos contó con tristeza que por las largas horas que trabaja, prácticamente no tiene tiempo de ver a sus hijos. Normalmente sólo puede verlos a la hora de ellos irse a dormir.
Al salir del restaurante y mientras ibamos de regreso a la estación del metro, nos pusimos a conversar sobre aquellos inmigrantes que como un trapecista sin red de seguridad, en un momento arriesgan todo y se lanzan al vacio, a alcanzar el trapecio de una vida nueva en este país. Nos preguntábamos si Rosalba en su ciudad natal habría podido pasar más tiempo con sus hijos, si su calidad de vida no sería mejor en algunos aspectos así en el económico no lo fuera?
La respuesta por supuesto está en el contínuo flujo de inmigrantes que no da muestras de disminuir. Hay algo aquí que para ellos justifica el riesgo. Me cuesta creer que ese algo sea solamente un mejor salario. Tiene que haber algo más. Será acaso que huir de la deseperanza de una situación que es difícil y que no va cambiar es lo que los motiva? Aquí la vida no es necesariamente más fácil, pero por lo menos aquí no tienen la sensación de estar atrapados en una vida que no va a mejorar, ni para ellos ni para sus hijos.
Technorati Tags: Villita, inmigrante, inmigración, Chicago
Con alguna frecuencia en los fines de semana a mi esposa y a mi nos gusta escoger algún barrio de Chicago e ir y pasar el día allí. Desayunamos o almorzamos en el sitio y recorremos las calles y las tiendas. Así hemos logrado conocer muchos sitios muy interesantes de Chicago: Bucktown, Lincoln Park, Old Town, China Town, Little Bombay, etc.
Como hoy la temperatura estaba sobre 60 F (aprox 14 C), decidimos salir en una de nuestras excursiones de exploración antes de que la motivación de salir baje al ritmo de la temperatura en Chicago. Hoy decidimos ir al barrio latino de Chicago: La Villita.
En La Villita (Little Villa como le dicen en Inglés) hicimos lo acostumbrado: caminamos por las calles, entramos a las tiendas, entramos a los mercados, comimos algo. Como era de esperar, La Villita siendo un barrio latino nos resulto menos ajena a nuestro estilo de vida que otros vecindarios que hemos visitado, aún así, no dejamos de sentir algunas diferencias por la abrumadora mayoría de Mexicanos viviendo allí.
Al final de nuestra excursión entramos a un restaurante a almorzar. Allí conocimos a Rosalba. Ella es la mesera y aparentemente la administradora del lugar. Rosalba resultó ser bastante simpática y conversadora por lo que prontamente mi esposa y ella estaban conversando animadamente. Rosalba nos contó que tiene dos hijos, uno de 4 años y otro de 6. Mientras ella trabaja, sus niños se quedan en la casa con una niñera. Rosalba también nos contó con tristeza que por las largas horas que trabaja, prácticamente no tiene tiempo de ver a sus hijos. Normalmente sólo puede verlos a la hora de ellos irse a dormir.
Al salir del restaurante y mientras ibamos de regreso a la estación del metro, nos pusimos a conversar sobre aquellos inmigrantes que como un trapecista sin red de seguridad, en un momento arriesgan todo y se lanzan al vacio, a alcanzar el trapecio de una vida nueva en este país. Nos preguntábamos si Rosalba en su ciudad natal habría podido pasar más tiempo con sus hijos, si su calidad de vida no sería mejor en algunos aspectos así en el económico no lo fuera?
La respuesta por supuesto está en el contínuo flujo de inmigrantes que no da muestras de disminuir. Hay algo aquí que para ellos justifica el riesgo. Me cuesta creer que ese algo sea solamente un mejor salario. Tiene que haber algo más. Será acaso que huir de la deseperanza de una situación que es difícil y que no va cambiar es lo que los motiva? Aquí la vida no es necesariamente más fácil, pero por lo menos aquí no tienen la sensación de estar atrapados en una vida que no va a mejorar, ni para ellos ni para sus hijos.
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