Naufragio

Otro fin de semana, otra aventura en Seattle. Desde que terminé mis clases de velero he salido solo tres veces por mi cuenta a navegar: una vez con Andrés, una vez con Martha y una vez con Sebastian. Parece que cada salida es una aventura en si misma y todas han sido distintas: con Andrés, todo salió perfecto y me lucí como el más experto marinero; con Martha todo lo hice mal y me vi como el más bisoño de todos los primíparos; pero la aventura con Sebastian se lleva todos los honores como la más interesante hasta ahora!

Pues bien, Sebastian y yo hablamos como al medio día del sábado y decidimos ir a navegar en la tarde. Muchas veces habiamos hablado de hacerlo pero por algún motivo u otro nunca habiamos podido. Después de mi experiencia mostrandole a Martha mis recien adquiridas habilidades Magallanescas, debo admitir que estaba nervioso de hacer una nueva demostracion. Quise ser exageradamento cuidadoso en el montaje de bote. Yo llegué antes que Sebastian así que escogí un Laser II aparejado para competencia y quise esperar a Sebastian para mostrarle como terminar de aparejar el bote. Cuando Sebastian llegó, ajustamos las velas, sacamos el bote hasta el muelle y allí me di cuenta que faltaba una pieza pequeña pero importante, un gancho que amarra el timón para que no se pierda en caso de que el bote se voltee. Pues bien, los responsables del sitio me hicieron cambiar de bote por otro que estaba aparejado para paseo mas que para competencia. Lo terminamos de armar, lo botamos al agua, nos subimos y con un poco de viento que cojimos pudimos salir de la bahía. Apenas salimos, cojimos viento de verdad y el bote empezó a avanzar a buena velocidad. En este punto nos dimos cuenta que se nos habia olvidado ponernos chalecos salvavidas … de regreso al muelle. Nos pusimos los chalecos y volvimos a zarpar.

El viento estaba difícil, cambiaba de dirección permanentemente y era difícil avanzar, sin embargo de vez en cuando cogiamos unas buenas ráfagas y así nos alejamos bastante de la orilla. Fue en este momento cuando el bote empezó a “hacer agua”. Asi como suena. La cabina se empezó a llenar de agua. Yo me sorprendí, pero no me preocupé porque los Laser flotan inclusive con la cabina llena de agua, el casco esta lleno de aire y si el agua se volvia incómoda, siempre existía la opción de voltear el bote y al enderezarlo saldría casi sin agua. El agua del lago estaba a una temperatura agradable asi que … nada que temer. Aún así decidimos regresar  y en este momento, como en una película barata, … el viento se murió.

El bote estaba muy bajo en el agua y la combinación de poco viento y sin direccion definida y olas hacia que no avanzaramos prácticamente nada. Sebastian estaba tranquilo, y yo además le asegure que no había nada que temer, los Laser no se hunden. En ese momento me dio por abrir una de las compuertas que permiten ver el interior del casco … el casco también estaba lleno de agua!  Eso cambiaba la situación, yo no se si los Laser se hunden cuando el casco se llena de agua .. Por uno de esos azares del destino, uno de los instructores del club de veleros vino hasta nosotros en su lancha con motor fuera de borda mientras Sebastian y yo debatiamos si sería demasiado vergonzoso pedir ayuda y que nos remolcaran. El instructor quería saber a que hora planeabamos regresar, le dijimos que ya ibamos de regreso pero que el viento no estaba ayudando. Nos conversó un momento, nos dio algunás sugerencias sobre como aprovechar el poco viento que había y cuando ya se iba yo me armé de valor y le pregunté si él tenía alguna idea acerca del motivo para que hubiese tanta agua  en la cabina. Se acercó, vio el agua y por supuesto no se preocupó (los Laser no se hunden por agua en la cabina), le pareció gracioso y nos pasó una bomba de agua manual para sacar el agua. Se ofreció a remolcarnos hasta un punto en que hubiese más viento y por supuesto le aceptamos la oferta. Apenas llegamos a un sitio con viento nos soltó y nos dijo que nos veríamos en el muelle, que si el viento seguía dándonos problemas, el volvería en 20 minutos a darnos otro empujón.

El viento colaboró por alrededor de 10 minutos y luego se volvió a morir. Como lo prometió, el instructor volvió a buscarnos unos minutos más tarde y se ofreció a remolcarnos hasta cerca del muelle. Por supuesto volvimos a aceptar su oferta. Cuando estábamos como a unos 200 mts del muelle, nos volvió a soltar y nos dijo que navegaramos hasta el muelle, había poco viento, pero suficiente para que un velero normal atracara por sus propios medios. Se alejó cerca de 30 mts, nos miró, dió media vuelta y volvió donde nosotros estábamos. En ese entonces él ya notó que algo no estaba bien. Nos dijo que el bote estaba extremadamente bajo en el agua y que mejor nos remolcaba hasta el muelle. Asi lo hizo. Cuando llegamos al muelle, tuvimos que pedir ayuda para tratar de sacar el bote del agua, aún así tuvimos que esperar cerca de 30 minutos a que el casco del bote se vaciara de agua antes de poderlo sacar completamente.

Una vez en el muelle, pudimos ver cual había sido el problema: alguien habia golpeado la punta del bote y habia roto la fibra de vidrio. Habia un agujero de cerca de 2 cms por debajo de la línea de flotación y por supuesto el casco entonces se llenó de agua y luego el agua del casco empezó a llenar tambien la cabina.

Todavía no se si el bote se habría podido hundir o no, yo creo que no, pero la lección que sí me quedó es que me alegro enormemente de haber regresado la primera vez a recoger los chalecos salvavidas. Posiblemente no los habríamos necesitado, pero era una tranquilidad saber que los teníamos.

Si a alguien le interesa saber cuales son los Laser II. aquí hay un video que me encontré en Internet … por supuesto esos marineros del video son un “poquito” mejores que yo  :-)


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