Ayer me ocurrió algo muy curioso. Muy a las 8:00 de la mañana recibí una llamada desde Colombia, no alcancé a contestar y la llamada se fue al buzón de mensajes. Cuando oi el mensaje me encontré con una voz muy familiar que me felicitaba de todo corazón por mi cumpleaños y me deseaba un día muy feliz … Un mensaje muy tierno y que me alegró mucho. Hasta ahí todo iba bien. El problema fue que ayer no era mi cumpleaños! Sobra decir que inmediatamente llamé de regreso y nos reimos mucho cuando le hice notar el error. Y ya que no era mi cumpleaños, decidí celebrar mi no-cumpleaños probando una receta de mi postre favorito: Postre de natas!
Yo nunca había hecho postre de natas, ni siquiera lo había visto hacer. La única referencia que yo tenía era que cada vez que le comentaba a alguien que quería hacerlo, ese alguien me miraba como a un loco y me decía: eso es un montón de trabajo! Lo curioso es que ninguna de estas personas lo había hecho nunca, así que … qué sabían ellos?
Pues bien, invité algunos amigos a mi apartamento. Estaba haciendo un día precioso, estaba nevando, pero la temperatura estaba agradable así que decidimos asar carne en la parrilla en el balcón. Fue una tarde de asado, XBOX, conversación y al final de la tarde: postre de natas!
La cocinada del postre de natas es relativamente sencilla, toma mucho tiempo, pero es sencilla. La parte difícil es que quede bueno … me explico: yo siempre creí que no había forma de que un postre de natas quedara mal. Pues me equivoqué. Si se puede! No es que quedara horrible, no. Quedó comestible, y hasta interesante, lo que ocurre es que no sabe al postre de natas que yo como en Colombia. Por supuesto que mis amigos –buenos amigos como son- lo alabaron mucho y dijeron que estaba buenísimo (“god bless their soul” como dicen los gringos), pero la verdad es que se les notaba la cara de bien educados tratando de disimular la decepción. Convertir un galón de leche en dos o tres tazas de postre tomo cerca de 4 horas. La textura quedó perfecta! El color …hmmm … eso es otra cosa. Yo no tenía azucar blanca, así que usé azucar morena y por supuesto el postre quedo amarillo! Pero eso no fue lo grave. Lo realmente grave fue que quedó muy dulce, es decir Duuuuuuuuuuuulce, con “D” mayúscula y todo. La receta decía que se necesitaba una libra y media de azucar. Para no pecar por exceso use sólo una libra. Pues bien, creo que media libra o un cuarto de libra se parece más a lo que realmente se necesita.
Sobra decir que ahogamos la decepción en unos cuantos Vodkas y nos mantuvimos a flote con un queso brie bastante decente.
Independientemente del resultado del postre, mi día del no-cumpleaños quedó muy bien celebrado. Todo gracias a una llamada que recibí muy a las ocho de la mañana!


Acuerdate de la trampa que te enseno tu consentida Sofia!